martes, 26 de enero de 2010

Premio al profesionalismo

Fernando Piñatares es recordado en Canelones como un buen futbolista que jugó en el fútbol amateur de la Liga Regional del Este a mediados de la década de 1990. El mismo entusiasmo que lo destacó desde entonces actualmente lo llevó a ser el preparador físico del Club Atlético Peñarol en su sueño de levantar una Copa Uruguaya.



                                          Foto: Últimas Noticias

Rápido y limpio para marcar, fue un zaguero con visión de
campo, salida prolija y una disciplina táctica que lo destacó desde temprana edad. En sus años de juvenil probó suerte en el club Danubio de Montevideo. Estuvo cerca de llegar al primer equipo tras años de esfuerzos pero una lesión le quitó esa posibilidad. Así fue que regresó al fútbol del interior. Se fichó por el “Rojo” de San Jacinto, equipo de su ciudad y compitió por la liga con sede en Pando. Al tiempo que conquistó los campeonatos de 1993 en la Divisional B y 1996 en Primera División terminó sus estudios de preparador físico.

Fiel a su profesionalismo, Piñatares no se conformó con el
trabajo realizado por entonces, sino que asumió la responsabilidad de preparar a los planteles juveniles de San Jacinto. En 1995 los chicos de esa ciudad se vieron sorprendidos por un profesional que proyectó un trabajo de largo plazo, algo poco común en el fútbol del interior. Tras un mes de pretemporada en dos turnos, con largas carreras, competiciones con estaciones y trabajos con pelota, el equipo de la categoría Sub 15 marcó una diferencia abismal contra sus rivales en el campo de juego. A la riqueza técnica de aquel plantel se sumó un entrenamiento que potenció sus posibilidades.

Evidentemente, el nivel alcanzado por el “Profe” Piñatares superaba
las exigencias locales. Tras un proyecto de largo plazo en el club Atenas de Tala, en el que se generó una lista de futbolistas que llegaron al equipo principal, con algunos destacados que incursionaron en el profesionalismo, el “Profe” decidió probar suerte en Montevideo.

Comenzó a trabajar con Ildo Maneiro en Bella Vista, club con
el que logró el ascenso a primera división y se fue al fútbol de Costa Rica en dupla con el otrora gran jugador. A su regreso integró el cuerpo técnico de Julio Ribas en Peñarol en el 2001. Y se integró a las selecciones juveniles con la dirección técnica de Diego Aguirre.  Fue preparador de los equipos uruguayos que obtuvieron pasajes a mundiales en los Sudamericanos Sub 15 y Sub 20 disputados en 2009, y se integró al proceso de la selección mayor en la Eliminatoria a Sudáfrica 2010. Hoy está al borde de la línea del Club Atlético Peñarol junto al técnico que le dio el último festejo a la institución en el año 2003. Su humildad, su buen relacionamiento con los jugadores y su pasión por el trabajo lo llevaron a ser uno de los representantes de las esperanzas de uno de los equipos más grandes del mundo junto a Diego Aguirre (DT) y Enrique Carreras (ayudante) (quienes aparecen en ese orden junto a Piñatares en la fotografía).

martes, 19 de enero de 2010

Fútbol sin magia




-¿Cómo se puede explicar tanta pasión por 90 minutos?

-Creo que no se puede. -El viejo hizo un esfuerzo, recordó las tardes de gloria que disfrutó cuando era joven, pensó en las conquistas internacionales que hoy no llegan, miró a los locos que saltan y cantan sin que el resultado del partido los afecte-no puedo explicarla, sonrío mientras miraba a 22 jugadores que luchaban por la pelota con fuerza desmedida, sin generar situaciones de gol en un partido entre Nacional y Danubio por la Copa Bimbo.

Su nieto lo miró como si hubiera previsto esa respuesta y continuó sacudiendo su bandera.

Nada. Ni el mal tiempo, ni las derrotas aplastantes, ni la ausencia de figuras que regalen un fútbol-arte han alejado a los espectadores del Estadio Centenario. La magia casi no aparece. Es como todo lo que se precia en un sistema mercantilista. Ante la escasez, aumenta su valor. El privilegio de que los genios vistan los colores de un club vale millones en cualquier moneda. Así fue cuando se fue el joven Alvaro Recoba: flaco, habilidoso, capaz de esquivar rivales con movimientos acrobáticos y hacer goles soñados que después veíamos por televisión. Así es hoy, que Recoba volvió: supermillonario, lento, preciso en los pases y capaz de mostrar algo de todo lo que antes era común. En este caso pasaron 13 años...

Cuando se van los gurises que nos hacen soñar, los futboleros nos sentimos nostálgicos. Soñamos que volverán a cumplir su promesa de despedirse con los colores del club y ser campeones. A veces soñamos con una Copa Libertadores o una consagración internacional. Sin embargo la vida no se termina en una cancha de fútbol. Los compromisos del superprofesionalismo, la cantidad de años de exigencia y el cambio que el tiempo ocasiona son algunos de los innumerables motivos que pueden desvanecer el deseo de concretar las ilusiones.

En algunos casos las estrellas no vuelven. Se retiran en el exterior, se alistan en equipos que fueron amores de su infancia o simplemente aceptan la mejor oferta mientras puedan jugar por dinero. En otras oportunidades el deseo está pero la calidad se ha perdido. Muchas veces el talento alcanza para ganar algunos partidos a nivel local, a veces ni siquiera eso. Soñar con copas internacionales es posible, pero ilusionarse es difícil. Esto piensan muchos hinchas de Nacional, que hace unos años apuestan a una conquista a nivel continental. Su estrella del momento, Nicolás Lodeiro, está a punto de fichar por un club holandés. Los amantes del fútbol uruguayo, sabemos que la promesa de su fútbol tiene mayores chances de cumplirse mientras permanezca en Montevideo.
Su talento es generoso con los espectadores y obviamente, el egoísmo tribunero hace que muchos no quieran su partida, sin embargo, todos sabemos que queda poco tiempo para disfrutar su juego. Con suerte seis meses, hasta que se vaya, deje un hueco y en algún momento aparezca otro ilusionista.