
Foto: http://www.taringa.net/posts/deportes/3945516/Tabarez-confirm%C3%B3-los-11-%5B-Uruguay-%5D.html
-¿Cómo se puede explicar tanta pasión por 90 minutos?
-Creo que no se puede. -El viejo hizo un esfuerzo, recordó las tardes de gloria que disfrutó cuando era joven, pensó en las conquistas internacionales que hoy no llegan, miró a los locos que saltan y cantan sin que el resultado del partido los afecte-no puedo explicarla, sonrío mientras miraba a 22 jugadores que luchaban por la pelota con fuerza desmedida, sin generar situaciones de gol en un partido entre Nacional y Danubio por la Copa Bimbo.
Su nieto lo miró como si hubiera previsto esa respuesta y continuó sacudiendo su bandera.
Nada. Ni el mal tiempo, ni las derrotas aplastantes, ni la ausencia de figuras que regalen un fútbol-arte han alejado a los espectadores del Estadio Centenario. La magia casi no aparece. Es como todo lo que se precia en un sistema mercantilista. Ante la escasez, aumenta su valor. El privilegio de que los genios vistan los colores de un club vale millones en cualquier moneda. Así fue cuando se fue el joven Alvaro Recoba: flaco, habilidoso, capaz de esquivar rivales con movimientos acrobáticos y hacer goles soñados que después veíamos por televisión. Así es hoy, que Recoba volvió: supermillonario, lento, preciso en los pases y capaz de mostrar algo de todo lo que antes era común. En este caso pasaron 13 años...
Cuando se van los gurises que nos hacen soñar, los futboleros nos sentimos nostálgicos. Soñamos que volverán a cumplir su promesa de despedirse con los colores del club y ser campeones. A veces soñamos con una Copa Libertadores o una consagración internacional. Sin embargo la vida no se termina en una cancha de fútbol. Los compromisos del superprofesionalismo, la cantidad de años de exigencia y el cambio que el tiempo ocasiona son algunos de los innumerables motivos que pueden desvanecer el deseo de concretar las ilusiones.
En algunos casos las estrellas no vuelven. Se retiran en el exterior, se alistan en equipos que fueron amores de su infancia o simplemente aceptan la mejor oferta mientras puedan jugar por dinero. En otras oportunidades el deseo está pero la calidad se ha perdido. Muchas veces el talento alcanza para ganar algunos partidos a nivel local, a veces ni siquiera eso. Soñar con copas internacionales es posible, pero ilusionarse es difícil. Esto piensan muchos hinchas de Nacional, que hace unos años apuestan a una conquista a nivel continental. Su estrella del momento, Nicolás Lodeiro, está a punto de fichar por un club holandés. Los amantes del fútbol uruguayo, sabemos que la promesa de su fútbol tiene mayores chances de cumplirse mientras permanezca en Montevideo.
Su talento es generoso con los espectadores y obviamente, el egoísmo tribunero hace que muchos no quieran su partida, sin embargo, todos sabemos que queda poco tiempo para disfrutar su juego. Con suerte seis meses, hasta que se vaya, deje un hueco y en algún momento aparezca otro ilusionista.
-Creo que no se puede. -El viejo hizo un esfuerzo, recordó las tardes de gloria que disfrutó cuando era joven, pensó en las conquistas internacionales que hoy no llegan, miró a los locos que saltan y cantan sin que el resultado del partido los afecte-no puedo explicarla, sonrío mientras miraba a 22 jugadores que luchaban por la pelota con fuerza desmedida, sin generar situaciones de gol en un partido entre Nacional y Danubio por la Copa Bimbo.
Su nieto lo miró como si hubiera previsto esa respuesta y continuó sacudiendo su bandera.
Nada. Ni el mal tiempo, ni las derrotas aplastantes, ni la ausencia de figuras que regalen un fútbol-arte han alejado a los espectadores del Estadio Centenario. La magia casi no aparece. Es como todo lo que se precia en un sistema mercantilista. Ante la escasez, aumenta su valor. El privilegio de que los genios vistan los colores de un club vale millones en cualquier moneda. Así fue cuando se fue el joven Alvaro Recoba: flaco, habilidoso, capaz de esquivar rivales con movimientos acrobáticos y hacer goles soñados que después veíamos por televisión. Así es hoy, que Recoba volvió: supermillonario, lento, preciso en los pases y capaz de mostrar algo de todo lo que antes era común. En este caso pasaron 13 años...
Cuando se van los gurises que nos hacen soñar, los futboleros nos sentimos nostálgicos. Soñamos que volverán a cumplir su promesa de despedirse con los colores del club y ser campeones. A veces soñamos con una Copa Libertadores o una consagración internacional. Sin embargo la vida no se termina en una cancha de fútbol. Los compromisos del superprofesionalismo, la cantidad de años de exigencia y el cambio que el tiempo ocasiona son algunos de los innumerables motivos que pueden desvanecer el deseo de concretar las ilusiones.
En algunos casos las estrellas no vuelven. Se retiran en el exterior, se alistan en equipos que fueron amores de su infancia o simplemente aceptan la mejor oferta mientras puedan jugar por dinero. En otras oportunidades el deseo está pero la calidad se ha perdido. Muchas veces el talento alcanza para ganar algunos partidos a nivel local, a veces ni siquiera eso. Soñar con copas internacionales es posible, pero ilusionarse es difícil. Esto piensan muchos hinchas de Nacional, que hace unos años apuestan a una conquista a nivel continental. Su estrella del momento, Nicolás Lodeiro, está a punto de fichar por un club holandés. Los amantes del fútbol uruguayo, sabemos que la promesa de su fútbol tiene mayores chances de cumplirse mientras permanezca en Montevideo.
Su talento es generoso con los espectadores y obviamente, el egoísmo tribunero hace que muchos no quieran su partida, sin embargo, todos sabemos que queda poco tiempo para disfrutar su juego. Con suerte seis meses, hasta que se vaya, deje un hueco y en algún momento aparezca otro ilusionista.
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