martes, 1 de julio de 2008

Discapacidad: Capacidades diferentes para tareas diferentes




Publicado en: MIDES
El Ministerio de Desarrollo Social realizó un llamado público a personas con diferentes discapacidades para ocupar 6 cargos administrativos en sus dependencias y la respuesta fue la inscripción de 243 ciudadanos y ciudadanas que enfrentan sus dificultades, se preparan para la inserción laboral y hacen el esfuerzo de superarse.
Wendy es una joven de 29 años que culminó sus estudios a nivel escolar y liceal con calificaciones que siempre superaron sin problemas los niveles de exigencia. Cuando tenía 13 años se le manifestó una deficiencia ocular de difícil solución, llamada “maculopatía stargartd”, la que según los especialistas implica una pérdida progresiva de la visión que en algunos casos se revierte con un tratamiento a través de ejercicios. Wendy experimentó un duro golpe anímico, imaginó muchos escenarios pesimistas sobre su futuro y los daños que la enfermedad le ocasionarían, no obstante insistió en estudiar pese a experimentar un avanzado estado de la enfermedad. Se inscribió en la Facultad de Psicología. Las tareas académicas presentaron nuevas dificultades con el paso del tiempo; leer el pizarrón ya no era una acción sencilla, las letras ya no eran tan visibles.
Algo similar ocurrió con las fotocopias, que tenían que ser ampliadas para que estudiara. La tarea insumió progresivamente más tiempo y dinero por lo que se volvió más difícil; aún así esta joven continúa cursando algunas materias. La joven cuenta: “gracias a una serie de ejercicios realizados durante años, se pudo revertir en buena medida la enfermedad aunque hoy en día tengo que esforzarme para estudiar y hacer otras actividades que antes no presentaban problemas”.
A pesar de las dificultades llegó a un nivel de escolarización elevado que le abre posibilidades de inserción laboral, pero tuvo que asumir la dimensión de la enfermedad que la afecta y buscar satisfacciones personales sin perjudicar su salud.“El apoyo de mi familia, de mis compañeros y de quienes me rodean es fundamental para continuar avanzando. En la facultad grabo las clases para estudiar y en los parciales necesito de la colaboración de los profesores para que permitan que alguien lea y grabe las preguntas; esta es la forma de contestarlas en el tiempo necesario”, relató.
Wendy logró emplearse como administrativa en un instituto educativo privado y cuenta que el apoyo del programa Agora de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay fue muy importante para obtener esta oportunidad; se alegra por eso de que los llamados laborales del Estado incluyan puestos para gente con diferentes capacidades. “El concurso del MIDES representa una buena oportunidad de trabajo. Como muchos uruguayos busco la estabilidad laboral y la posibilidad de crecer como persona y desempeñar tareas para las que me he preparado durante años”, contó
La concursante destacó la atención de los funcionarios y comentó que ha participado en concursos en el BPS, el BROU, el BSE y la IMM. En relación al trato recibido de parte de la sociedad comentó: “los discapacitados muchas veces somos discriminados inconscientemente con expresiones en diminutivo como “la cieguita” o “el renguito”", pero destacó la tendencia a brindarles oportunidades de trabajo en el sector público, en grado todavía insuficiente para ella pero que valoró como una posibilidad real de integración. Consultada acerca del polémico tema de la definición que se le otorga a las personas con dificultades físicas o mentales, opinó: “la idea de que tenemos capacidades diferentes no refleja la realidad. En el caso de las personas con baja visión no tenemos capacidades diferentes a las del resto de las personas; enfrentamos una dificultad que nos impide desempeñar algunas actividades. Debemos luchar para superar los impedimentos, pero no somos ni pobrecitos ni héroes, sólo necesitamos que nos respeten y reconozcan nuestros derechos”.
Más de doscientas historias similares, protagonizadas por personas con dificultades diferentes tuvieron un punto de encuentro en la mañana del viernes 6 y el sábado 7 de junio en el edificio del MIDES. Susana Baruj y María Esther Romero, integrantes del equipo de Recursos Humanos, informaron que doce funcionarios trabajaron en la recepción de los postulantes y se ocuparon de brindar una atención respetuosa y de asegurar las mejores condiciones posibles para todos, acondicionando el local para el acceso de las personas. En la puerta de 18 de Julio se colocó una rampa para sillas de ruedas, a la vez se utilizaron mesas con una altura adecuada para las personas con dificultades de traslado y se habilitaron diferentes salones para generar espacios diversos en un clima de silencio y tranquilidad.
Las funcionarias explicaron que otra de las medidas fue la utilización de un programa de computación para personas con problemas visuales, la presentación de la misma prueba en diferentes tamaños de letra según la necesidad de los concursantes y la atención de algunos casos particulares, como el de una ciudadana que no podía escribir a mano pero sí a través del teclado y prefirió traer su máquina de escribir para realizar la prueba.
Entre los inscriptos hubo personas con problemas renales, ceguera, baja visión, parálisis, problemas motrices, dificultades de audición y patologías psiquiátricas.Romero destacó que los requisitos exigidos consistían en tener ciclo básico de educación Secundaria aprobado y estar inscriptos en el registro de la Comisión Honoraria del Discapacitado.
Más de la mitad de las personas que participaron en el concurso aprobaron las pruebas diseñadas por un psicólogo que brinda servicios al MIDES. La evaluación consistió en una prueba de comprensión lectora sobre un texto de carácter administrativo y una propuesta de múltiple opción para medir conocimientos sobre herramientas informáticas.Actualmente Recursos Humanos evalúa los méritos acreditados por los 111 participantes que superaron las exigencias.
“Este proceso de selección fue un desafío para el equipo de trabajo porque al objetivo de garantizar justicia a los participantes se agregó el de permitir que se sintieran cómodos e integrados sin invadir sus espacios ni caer en excesos”, explicó Romero. El jueves 12 y el viernes 13 de junio un grupo de funcionarios de esta dependencia recibirá a quienes requieran una devolución de sus trabajos. Tras la evaluación de los méritos presentados se realizará la convocatoria a una entrevista que definirá quienes desempeñarán las funciones requeridas.

Villa del Chancho: Hogares dignos con mucho esfuerzo


Publicado en: MIDES

Foto : MIDES
Después de más de diez años de vivir en condiciones de riesgo sanitario, los pobladores de Villa del Chancho se realojarán en hogares dignos gracias a un esfuerzo propio, coordinado con el apoyo de un grupo de organizaciones sociales y organismos del Estado. Villa del Chancho fue un asentamiento precario ubicado en la calle Oncativo, a 15 cuadras de Camino Carrasco, en la zona de la Cruz. Allí se ubicaba un vertedero de basura que dejó de funcionar. Por la gran cantidad de materiales desechados y la necesidad de trabajo y alojamiento, 23 familias de clasificadores se instalaron en forma irregular en este lugar.
La historia comenzó con la instalación de los clasificadores en el vertedero. Montañas de basura sirvieron de entorno a las construcciones precarias, casas de chapa, cartón, nailon, madera y cualquier material que sirviera para atenuar el frío de los inviernos y el sol abrasador de los veranos. Los habitantes de este lugar encontraron una forma de subsistir en la recolección de plásticos, cartones y alimentos que aún no estuvieran en mal estado, alejados de los servicios y expuestos a muchas enfermedades.
Para obtener algunos pesos y comida más nutritiva, los clasificadores comenzaron a criar cabras y cerdos, animales que según ellos“se alimentan sin problemas, comen lo que sea”. Las condiciones sanitarias en Villa del Chancho, como se le llamó a este lugar, no eran las adecuadas, pero la necesidad de sus habitantes y las pocas posibilidades de inserción laboral determinaron que su estadía se prolongara durante años.
En el 2004, las familias de la Villa del Chancho se contactaron con una asistente social de la organización “Una Casa, un Sueño” que hacía el acompañamiento de la construcción de casas de un asentamiento en la Cruz de Carrasco. La trabajadora social comenzó a visitar a las familias de este lugar, se interiorizó de su situación y las acompañó en la elaboración de un proyecto para presentar ante la Fundación Inter Americana. En poco tiempo se formó un equipo multidisciplinario de apoyo, también integrado por Jorge Meoni, quien desde entonces vive en el barrio, participó en una misión acompañado por las Hermanas Misioneras Franciscanas y el Colegio Stella Maris, y actualmente integra el equipo técnico del programa Uruguay Clasifica del MIDES.
“El objetivo era el realojo de estas familias, por lo que se presentó el proyecto que incluyó información acerca de la historia de esta comunidad, las características del lugar en donde habitaban sus integrantes y un emprendimiento productivo sustentable para mejorar sus condiciones de vida”, comentó Meoni.
“El trabajo en Villa del Chancho también permitió asesorar a los clasificadores y sus familias en el cuidado personal, la prevención de enfermedades y la necesidad de controles médicos periódicos para evitar mayores riesgos sanitarios en una zona con altos valores de contaminación por plomo”, agregó.
En lo que respecta a la inclusión social, asistentes y educadores de las organizaciones participantes trabajaron con las personas para fortalecer su autoestima, fomentar el trabajo en equipo y crear un sentimiento de pertenencia al grupo y una unidad capaz de ayudarlos a integrarse para reconocer sus problemas y las soluciones requeridas.
El proyecto fue aprobado en 2005, tras ser seleccionado entre 15 propuestas de países de América Latina, pero aún era necesario obtener un terreno. Una donación de un predio de 11 hectáreas realizada por la Fundación Don Pedro (familia Deambrosi - Irigoyen), y otro de 3 hectáreas por la Asociación Cultural y Técnica permitió planificar el realojo.
Por entonces, el trabajo interinstitucional había crecido y la pujanza de los clasificadores, al igual que la de los trabajadores sociales, había permitido la incorporación de otras organizaciones. La Fundación “Viven” y el Club Old Christians financiaron las viviendas de “Un techo para mi país” en carácter provisorio, para que los habitantes de Villa del Chancho tuvieran un lugar alternativo donde establecerse mientras se ponía en marcha el proceso de construcción de las viviendas definitivas. La fundación Logros (a través de la Fundación Viven) proporcionó un equipo de capacitación para la construcción de un invernáculo de 200 m2 y la posterior producción de hortalizas. La Fundación Viven, con el apoyo de la Dirección Nacional de Inclusión Social (DINACIS) del MIDES y la Intendencia Municipal de Montevideo, realizó gestiones ante la Embajada de Japón y obtuvo un galpón cerrado para la clasificación y acopio de materiales reciclables.
Los jefes y jefas de familias de Villa del Chancho trabajan en el terreno destinado para el realojo desde octubre de 2007, construyendo sus viviendas en régimen de ayuda mutua. Las 105 personas que protagonizan esta historia viven provisoriamente en casas de madera pero saben que se acercan al momento de ocupar sus nuevos hogares por lo que han experimentado, desde el 2004, un proceso de esfuerzos compartidos, trabajo en equipo y solidaridad ante la adversidad.
Fabián Pérez vive junto a su hija de 8 años y a su compañera, trabaja en la construcción y tiene experiencia en albañilería. Actualmente, además de las tareas que desempeña junto a un agrimensor, trabaja cuatro horas diarias en la construcción de su nuevo hogar y estudia mantenimiento informático en la UTU. “Creemos que a mediados de 2009 ya vamos a estar viviendo allá” afirmó Pérez entusiasmado y comentó que las casas tendrán dos habitaciones, baño, cocina y comedor.
En lo que respecta a la participación del MIDES, Meoni destaca la coordinación de la Oficina Territorial en la Región Este de Montevideo, el programa Uruguay Clasifica y la DINACIS que aportó canastas de materiales de construcción por un valor de 25.000 pesos por vivienda. Además de los apoyos que la población del asentamiento ha recibido de los CCZ 8 y 9, del POT, el SOCAT de la Cruz de Carrasco y muchos particulares.
La directora de la DINACIS, Bertha Sanseverino, comentó que “el valor más grande de estas intervenciones está en la participación de los protagonistas y en el esfuerzo de trabajar colectivamente a pesar de haber estado solos durante mucho tiempo, trabajando por su propia cuenta para salir adelante”.
El coordinador territorial en la Región Este de Montevideo, Fernando García, también destacó la importancia de los deseos de superación de las familias involucradas. “A través de la inquietud de la gente, cada vez se fueron involucrando más organizaciones e instituciones hasta protagonizar un trabajo de equipo con un resultado dignificador”, destacó.
García agregó que, a través del programa Mejoramiento del Hábitat, se obtuvieron 20 canastas de materiales para la construcción y que la semana pasada se entregó una importante cantidad de bloquetas, por un valor equivalente a $ 90.000.
Los habitantes de Villa del Chancho sueñan con vivir en casas de materiales con techos que no se lluevan, baños, zonas previstas para deportes y actividades recreativas y hasta la posibilidad de incluir, en el futuro, una escuela y un centro de salud. Saben que en poco tiempo recibirán el premio por su esfuerzo prolongado.

Sociales: El oficio de ser padres


Lunes, 12 de mayo de 2008

Publicado en: MIDES

Ricardo, Camila, Juan, Paola, Yessica, Rocío, y Carlos son niños que actualmente crecen en dependencias del INAU y comenzaron a compartir sus vidas con Alejandro y Azucena, quienes trabajan en el hogar “Las y Los Peques”. El matrimonio está compuesto por dos trabajadores, padres de tres hijas, de 10, 15 y 18 años. La familia recibirá a los niños huérfanos como nuevos integrantes, en una experiencia del plan "Creciendo en Familia".


“La propuesta de “Creciendo en Familia” consiste en brindarles, a niños de entre 3 y 7 años que carecen de referencias de ser adoptados un hogar familiar donde encuentren amor y aprendizajes para la vida en sociedad, en un intercambio de afectos y conocimientos”, destacó Alejandro de 40 años de edad. Los hogares de este programa son gestionados por un matrimonio cuyos integrantes ofician de madre y padre las 24 horas del día.


“La idea es lograr que matrimonios de todo el país estén dispuestos a hacerse cargo de niños con el apoyo del Estado”, destacó la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, quien subrayó la importancia que este proyecto tiene para el MIDES.


Otros educadores, Omar y Rosa, viven una historia similar en la “Casa Lanús” que albergará a diez menores más que se encuentran en la misma situación de los niños mencionados, sin sus padres biológicos, ni familiares o referentes.


Omar, Rosa, Alejandro y Azucena tienen una larga historia de trabajo como educadores y coordinadores del INAU y pasarán a cumplir su función con importantes variantes pero manifiestan el mismo entusiasmo.


Los matrimonios habitan viviendas compradas por el organismo junto a niños con larga historia dentro del Instituto. El hogar “Los y las Peques” tiene tres cuartos que ofician de dormitorios para los niños y un cuarta habitación para el matrimonio. Son tres grupos de hermanos y una niña; “estamos a la espera de la última integrante del hogar que llegará en breve”, comentó Alejandro.


El educador agregó que ampliarán la casa convirtiendo el garaje en otro dormitorio con baño. Sobre las actividades que realizarán los menores fuera de su horario de clase, Azucena mostró el criadero de conejos, patos y gallinas que tiene en el fondo de la casa “como forma de ofrecer un acercamiento con la naturaleza y con la vida misma”, afirmó.


En la vivienda de la calle Lanús, en el barrio Lezica, Omary Rosa Cabrera admiten que están "un poco asustados” por el desafío pero muy entusiasmados por esta nueva etapa que comienzan a vivir como familia numerosa.


La casa tiene un jardín en el frente donde fue colocada la calesita donada por el MIDES para “fomentar el juego y la integración de los niños”, aseguró la ministra Arismendi. También tienen un amplio jardín detrás de la residencia que servirá de marco a la piscina, lugar destinado a la recepción de niños de otros hogares en instancias de encuentro y recreación.


El referente masculino del nuevo hogar comentó que “el proceso de selección de los menores fue minucioso tomando en cuenta muchas variantes porque se priorizaron grupos de hermanos que no pudieron volver con su familia y no fueron adoptados, niños que tendrían una larga estadía en hogares del INAU y que, de esta forma accederán a un espacio familiar”.


Omar agregó: "La idea es formar una familia digna. Que el niño pueda tomar sus decisiones como en cualquier familia. Que nuestros amigos nos visiten, que sus amigos vengan aquí y puedan ser recibidos por ellos, que los niños sean como nuestros hijos o nuestros nietos".


Ahora, empieza el período de adaptación. A descubrir quién necesita un cuento para dormir o tiene pesadillas de noche. A estar juntos 24 horas. Los chicos estarán con ellos hasta que cumplan 18 años y más si es necesario. "Desde el día siguiente al que ingresan se empieza a preparar su egreso. Eso lleva mucho tiempo pero hay que proveerlos de herramientas y de valores", señala Omar.


Alejandro, por su parte, expresó con un dejo de emoción: “Partimos del principio de que somos todos iguales pero las responsabilidades son mayores para los adultos por eso buscamos minimizar la relación vertical que se da en las familias de padre a hijos, buscamos analizar los problemas en conjunto dando participación a los niños en los problemas que a ellos se les incumbe, la idea es crecer y crecer juntos”.


“La expectativa de los educadores es dejar una experiencia de vida para los niños, proporcionarles cimientos para su vida y acompañarlos para que crezcan respetando los principios de equidad e igualdad de oportunidades” añadió Azucena.


Las dos casas son técnicamente hogares de INAU. Son viviendas que fueron compradas por el organismo, que pagará los gastos, la ropa de los pequeños y el transporte a la escuela. Además se realizará un seguimiento a cargo de técnicos. “Hay cosas que nosotros por ser papás y abuelos conocemos, las sorpresas de fin de año o un alfajor como premio ante su actuación en la Escuela o en la casa, pequeños gustos que solventaremos desde nuestro bolsillo”, manifestó Rosa.


La nueva propuesta recoge experiencias institucionales precedentes como son la figura de los directores residentes en los establecimientos y en los "pequeños hogares" para transformar el modelo de atención en el sentido de la Convención de los Derechos del Niño y el Código de la Niñez y la Adolescencia. Consiste en insertar a un grupo de niñas y niños pequeños en una dinámica de convivencia familiar con figuras adultas permanentes y apoyos técnicos y de servicios externos.