Forlán festeja la primera conquista. Foto agencia AP
Uruguay brilló por sus virtudes
Uruguay derrotó a Sudáfrica y se renovó la ilusión de ver a la celeste en una definición importante. Los deseos de que nuestro representativo esté en el primer nivel mundial llevan a olvidarse de las posibilidades reales y las condiciones concretas de sus futbolistas.
Este sentimiento irracional se apodera de hinchas, jugadores, periodistas, técnicos y dirigentes; algo que no le hace nada bien al fútbol. Por suerte, el seleccionador, Washington Tabarez demostró una virtud imprescindible y muy poco común entre sus colegas. Fue consciente de las limitaciones del equipo y decidió la estrategia según el rival que enfrentó. Contra Francia jugó defensivamente, respetuoso de la jerarquía de la selección gala y obtuvo un empate que permitió afrontar con esperanza el segundo encuentro.
Contra Sudáfrica también fue consciente de las posibilidades del rival y ese fue uno de sus principales méritos. Cambio la alineación, defendió con cuatro hombres para contrarrestar la velocidad de los africanos, cubrió bien la mitad de la cancha para recuperar la pelota y atacó con tres hombres para generar posibilidades en ofensiva. El planteamiento fue muy acertado y los jugadores ejecutaron bien lo solicitado por el técnico. También se había planificado adecuadamente el partido con Francia, es decir, Uruguay jugó dos partidos y lo hizo sin impulsos desenfrenados, con el razonamiento necesario para obtener resultados positivos. Para festejar y enloquecerse de alegría están los parciales, para planificar, los entrenadores, esto es algo que Tabarez tiene muy claro y gracias a eso, Uruguay obtuvo una victoria histórica en su segundo encuentro por la Copa del Mundo del 2010.
El partido en que regresó la alegría
Contra Sudáfrica la Celeste salió con Fernando Muslera en el arco, una línea de cuatro con Diego Fucile, Diego Godín, Diego Lugano y Maximiliano Pereira; un mediocampo con tres volantes: Diego Pérez, Arévalo Ríos y Álvaro Pereira; en ataque tres hombres más, Diego Forlán, Luis Suárez y Edinson Cavan.
La defensa se mantuvo firme, con salida prolija y marca fuerte y leal, sin demasiados riesgos por atacar. En el mediocampo los volantes de marca fueron generosos en su esfuerzo por quitar el balón a los rivales y preferentemente jugaron en corto; en ofensiva, Forlán bajó para armar el juego cuando Uruguay avanzaba en el terreno y Cavani bajó cada vez que fue necesario recuperar la pelota; por momentos Forlán cumplió la función de número diez y Cavani la de número ocho.
En resumen, el arquero estuvo muy bien cada vez que fue necesario, la defensa muy sólida y compacta, la marca en el mediocampo pocas veces fue superada, la creación estuvo bien desempeñada sobre todo por la colaboración de Forlán y la ofensiva se destacó por la movilidad de todos los delanteros. Un comentario aparte merece el temperamento de todo el equipo que volvió a silenciar un estadio por la Copa del Mundo y después de muchos años, caracterizó una vez más al fútbol uruguayo.
Uruguay ganó, recuperó la ilusión de jugar de igual a igual en un Mundial y obtuvo el premio por respetar un proceso con un cuerpo técnico que le dio a la planificación el lugar que realmente se requiere para alcanzar éxitos deportivos y no esperar casualidades.

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